MARGARITA NELKEN: PSOE: Más de 100 años de gansterismo político e hijos de puta. (II)

Obsérvese el arma en el lado derecho de la foto. Típico del PSOE.

Hace ya algunas semanas –sí, lo sé: demasiadas. ¡Tolerancia! No soy ningún rojo cabrón y disfruto de vacaciones– comenzamos esta sección con un gran éxito de crítica y público. No queda por mi parte sino continuarla haciéndoos partícipes de la piara de hijos e hijas de puta que el PSOE ha ido coleccionando cual niño juntando cromos.

Mucho he pensado en la siguiente figura que podría desmontar para vosotros… pero profundamente emocionado e influído por Bibi “la miembraAído, he decidido aplicar en éste blog los criterios legales de igual-dá y discriminación positiva: por lo tanto, he tomado la decisión de hablaros hoy de una figura femenina que, por si misma, y sin ayuda de varón, ejemplariza todas las virtudes y características que han venido a representar al miembro (o miembra) típico del PSOE.

Esto es: hablaremos de una tipeja que supera en hijoputez al hijo de puta de Pablo Iglesias (sí, creedme. Es posible) y más cabrona que la bruja mala de Blancanieves. Vamos; que se trata de una zorra rabiosa que es necesario e imprescindible desenmascarar.

¿Y porqué hablo de desenmascarar? Porque esta hija de puta está escondida: los rojos, sociolistos y otras razas de subhumanos han querido ocultar la historia terrible de ésta notable ejemplar del “vulpes vulpes” y hoy podemos encontrarnos calles y centros dedicados a ésta hija de puta asesina, torturadora y aberrante socialista.

Nada menos. Y ahora voy a comenzar a demostrar el porqué de mis medidos, sutiles y suaves adjetivos.

Curioso caso, el de la Nelken. Una jovencita educada: su padre tenía una importante joyería en Madrid. Gracias a su buena posición (¿Porqué los rojos más hijos de puta suelen ser de familia bien? ¡Ay! Si contáramos algunos casos sangrantes de políticas extremeñas de actualidad… ) Consiguió una educación de primera categoría, destacando en lenguas y arte. Tradujo del alemán por primera vez a Kafka.

¿Y qué ocurrió? Pues no se sabe. La gente se tuerce. Y a veces la línea que separa a una dama de una puta asesina es muy corta. Cortísima. En el caso de la Nelken… inexistente.

El caso es que la golfa de la que hoy nos ocupamos acabó ingresando (¿lo adivinan?) ¡SI! En el PSOE.  Y las ruedas empezaron a girar… salió elegida en 1931 por Badajoz. Algo debía de hacer excelentemente bien, porque 1931 también fue el año de su ingreso en el PSOE. Y al cabo de unos meses… al congreso. En fin. Podemos imaginar que tendría toda una serie de virtudes *políticas* escondidas que la hicieron merecedora de tal honor.

Y hablando de honor. Me encantaría saber por qué puñetas los rojiprogres y otros merluzos califican a ésta zorrita sabihonda de feminista. Lo que los mierdas del PSOE, los gañanes de los comunistas y otros rojos hijos de puta nunca han dicho ni dirán, es que la Nelken SE OPONÍA A CONCEDER EL VOTO A LAS MUJERES.

Sí. Así como suena. El que no se lo crea, que consulte los diarios de sesiones. Violentísimas discusiones mantuvo con Clara Campoamor: ésta deseaba el voto femenino, y la mastuerza rabiosa de Margarita Nelken se oponía, alegando la peregrina argumentación de que la mujer española, inculta, paleta, ignorante y poco más inteligente que un chimpancé votaría, en todo caso, aquello que el cura confesor la ordenase. Y claro: para la Nelken, como para todos los demás miembros del PSOE, la democracia era válida si les daba el triunfo. Si no, dictadura proletaria. Obsérvese que podría haberse argumentado lo mismo para negar el voto a los analfabetos religiosos de las clases más bajas… pero no: la FEMINISTA Margarita Nelken solo se opuso al voto femenino.

ESTAS SON LAS FEMINISTAS DEL PSOE. Y de aquellas zorras… hoy nos llega Bibiana Aído. ¿Alguien puede discutir que es dignísima heredera?

Mientras tanto, La Nelken hizo algo tan burgués como casarse. Tendría un hijo de su marido. Pero claro, como toda roja que se precie, ésta ya venía “desenvuelta” dado que tenía otra hija… de alguien. Anterior. No se sabe. Insisto en que hoy por hoy, esto no tendría ni la más mínima importancia… pero en el contexto de los años 30, en España… definía con mucha crudeza el estilo de persona que estamos tratando.

El caso es que su marido debía ser bastante calzonazos. Hasta hoy llegan los ecos de las aventuras de la Nelken con los fornidos guardias de asalto que la acompañaban en sus orgías nocturnas por las chekas de Madrid, que convirtieron en legendaria su sed de sangre y su habilidad con la tortura. Como podría haber llegado a ser su comportamiento, para que un “camarada” anarquista acaba definiéndola como la “virgen loca del comunismo”. Imaginamos que, a esas alturas, lo de virgen debía ser para despistar. En todo caso, el “ciervo” (por la cosa de los cuernos) de su marido acabó haciendo cierto el refrán aquel de “ojos que no ven…” porque fue cónsul de la república en Estocolmo el tiempo que duró la guerra. El porqué su “mujer” quedó en Madrid para convertirse en la puta de las chekas y en la asesina del PSOE es algo que debemos achacar al buen juicio de su marido al irse solo.

En realidad, casi puedo sentir el olor purulento y dulzón de puta barata cuando hablo de la Nelken. Me enerva, me cabrea y, porqué no decirlo, me jode mucho que una puta roja del calibre de Nelken; una asesina, torturadora, antifeminista, delincuente, puta, política barriobajera que llegó a declarar en las Cortes cosas como la siguiente: “Queremos una revolución, pero no es la Revolución Rusa la que nos puede servir de modelo, pues lo que necesitamos son llamas gigantescas que se puedan ver desde el mundo entero y olas de sangre que tiñan las paredes de rojo” tenga calles dedicadas en los siguientes municipios de España:

Zaragoza, Badajoz, Granada, Coslada y Getafe.

Vergüenza para éstos municipios. Vergüenza para sus habitantes que seguramente ignoran que tienen una calle dedicada a una asesina rabiosa. Vergüenza para el PSOE de hoy, heredero de putas, asesinos y criminales. Vergüenza, vergüenza, vergüenza… para todos. Vergüenza para España.

Pero no es que yo hable mal de ésta zorra, no. No soy yo. No es algo de mi invención. Es algo que no es nuevo, pero que ha sido enterrado por la mafia progresista del PSOE y sus afines. Estos nuevos fascistas temerosos de reconocerse a sí mismos. Avergonzados y acomplejados de ser como son, lo que les impulsa a nuevos y más sucios índices de vileza. Han sido ellos los que han ocultado la verdad. El PSOE, como siempre, como cada vez que ponen su maloliente sucia y sarmentosa mano asesina sobre la historia.

Pero gracias a la historia por guardar las palabras y los testimonios más allá de la corta habilidad de los hampones del PSOE para  borrarlas. Aún podemos rescatar del olvido testimonios que describen mejor que lo que éste humilde cronista pueda lograr, la bajeza moral y el espíritu antihumano de Margarita Nelken.

Voy a usar el artículo de un genio; un autor teatral de renombre, director de cine, actor de Hollywood y amigo personal de Charlie Chaplin, diplomático de carrera y hombre de un gusto y refinamiento exquisitos. Lo que éste hombre pudo ver en Margarita Nelken para escribir el siguiente artículo no lo sabremos nunca. Pero no cabe la menor duda de que para que un genio Como Edgar Neville escribiera algo así debió de ser algo peor que un vómito tenebroso. Con ustedes, Edgar Neville hablando de Margarita Nelken:

En aquel terrible Madrid de agosto del 36, cuando el terror lle­gaba al máximo, apareció una noche en «Claridad» un artículo de Margarita Nelken en que pedía a las milicias no se limitaran a asesinar hombres, sino que incluyeran en “los paseos” a las esposas, novias o hermanas de los perseguidos.

Estaba uno curado, al parecer, de espanto y sin embargo aquella especial incitación al crimen nos produjo la peor angustia.

El artículo tuvo su efecto, las arpías de los barrios se unieron a la ronda de la muerte y comenzaron a caer finas mujeres de la burguesía, blancas y espigadas madrileñas, en plena juventud, pues a la incitación criminal habían respondido los más bajos senti­mientos humanos y aquello se convertía en la venganza, en sus­penso durante siglos, de la fea contra la guapa.

En aquellas noches calientes del estío madrileño aparecieron en solares y desmontes y en las trágicas posturas de la muerte, los cuer­pos desgarrados de la flor del garbo, de las más bellas muchachas de la ciudad. Entre sus vestidos, hechos jirones, brillaba su tersa carne blanca con luz de luna.

Conocemos a las mujeres que fusilaban, eran aquellos monstruos de los desfiles del 1º de mayo y de las broncas de los mercados arra­baleros.

Eran las feas en celo, las contrahechas en rebelión, supurando odio y envidia, vengando en aquellas víctimas un daño del que eran inocentes, vengando el desaire perpetuo de los hombres hacia ellas.

Ahí estaba toda Margarita Nelken. Mujer encorsetada y burri­ciega, pedante y sin encanto femenino, de carne colorada, había arrastrado una triste vida sentimental. Los hombres que se le ha­bían acercado eran como ella, de oficinas oscuras, de plataforma de tranvía de las afuras; sin la gracia paleta de los hombres del pueblo y sin el estilo de los hombres de raza.

Ella sabía que había algo más en el mundo de Gordon Ordax y Basilio Álvarez, pero a los demás hombres ella los vió siempre a través de sus impertinentes, alejarse con otras, con aquellas que hoy hacía fusilar.

La Nelken hablaba de pintura en los museos y llevaba las reti­nas llenas de dioses, héroes y sátiros, pero debía tener la sensación al entrar en el Prado y adentrarse por la galería central, de que los Apolos y los Parises se volvían de espaldas para no verla.

Había mujeres más feas y de peor figura, pero salvadas por la Gracia. En ella era todo repulsión.

Tenía una cursilería emponzoñada que le quitaba ese indudable atractivo físico que tienen muchas cursis; al verla encaramada en sus impertinentes se presentía su carne cruda, prensada, con vari­ces y una ropa interior violeta.

Creyó, como otras de su tipo, que la República las elevaría a otras regiones sociales, y no fué así, sólo elevó sus sueldos. La gente fina del saber y del arte no fueron jamás con ella ni con las Araquistain ni las Vayo, por muchos tés que dieran. Las finas gentes de Madrid se siguieron reuniendo como antes, como después, sin contar con ellas y ¿triste ventura! en regiones de belleza y aristocracia.

¡Cuánta inquina!

Su rencor la llevó a los pueblos a predicar el robo y el asesinato, quería quitarse de en medio a toda la gente que le recordaba su condición y cuando comenzó la orgía, de pronto se dió cuenta de que podrían salvarse las mujeres bonitas.

«¡Que las maten también!»- gemía en «Claridad»…

Pasada la guerra tendremos el corazón lleno de deseos de perdo­nar el daño, la comprensión para sin fin de actitudes, pero no po­dremos olvidar a los que aprovecharon esta tremenda convulsión para mostrar que eran la encarnación del mal, que tenían un alma podrida. No podremos olvidar, ni perdonar, a los asesinos, pero tampoco a los que encaramados en una situación de privilegio des­de la que pudieron salvar, escarnecieron por el contrario, acusaron, denunciaron, llevaron a la muerte a tanto inocente. España se ha abierto en dos zonas y es ancha la zanja que las separa, en un lado las personas buenas, generosas, valientes; en el otro los malos. An­tes se vivía en confusión, las apariencias nos hacían clasificar a las gentes de un modo caprichoso que luego ha resultado muchas ve­ces falso. La guerra ha puesto las cartas sobre la mesa, la conducta de cada español en esta guerra es la huella «dactilar» de su corazón. Perdonaremos antes al que hoy está con el fusil frente a nosotros, que a los soplones, denunciantes, calumniadores, que aprovecha­ron la conmoción para saciar sus torpes envidias, sus tristes odios personales para vengar sus limitaciones, de las cuales no tenemos la culpa.

Margarita Nelken es un tipo representativo, azuzadora del odio, promotora de la Muerte, merece nuestro encono eterno, nuestro castigo inexorable.

Edgar Neville.

Terribles palabras las de Neville. Para hacer reflexionar a cualquiera… que no sea un cabrón del PSOE o un rojiprogre. En fin. Pero nos recuerda Neville el diario “Claridad”. Quizá alguno recuerde que se trataba del Órgano Oficial del PSOE en Madrid. Esto quiere decir que todo lo que allí pudiera publicarse contaba con la aprobación tácita del partido. Esto lo digo por si algún “vivo” rojiprogre argumente algún día que el PSOE nada tuvo que ver con los crímenes de la zorra que hoy nos ocupa. Pues sí, sí tuvo que ver.

Pero la Nelken escribía. Mucho, además. Valgan como ejemplo estos dos valiosos microfilmes de artículos rezumantes de odio de ésta pájara subhumana. Ambos pueden leerse perfectamente.

Pulse para versión grande.

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Extractos de los artículos reproducidos más arriba.

¿Para echarse a temblar? Puede. Pero un recordatorio a todos los rojos, comunistas, progresistas y otras diferentes especies de hijos de puta que puedan estar leyendo estas líneas: Temblamos. Pero temblamos de RABIA. No habrá PAZ ni DIGNIDAD para los muertos en las chekas madrileñas mientras existan calles con el nombre de ésta zorra. No descansaremos en denunciar a ésta puta de la que solo algo bueno puede decirse: no dejó descendencia y libró a la humanidad de su estirpe: su hijo murió en el Ejército Rojo (como no) y su hija de larga enfermedad. No puedo sino confortar el corazón de las víctimas de Margarita Nelken recordando que vio morir a sus dos hijos. Que su sufrimiento lave el terror de su memoria.

¿Orgullo Gay o Mariconas Desbocadas sin Fronteras?

Pues eso. Que uno ya no sabe a qué atenerse.

Me refiero a ésta soplapollez que se ha puesto ahora tan de moda: los “desfiles” del orgullo Gay. Desfiles que, por otra parte, espantan a todos aquellos que resultarían igualmente espantados por un desfile heterosexual con mujeres gordas ligeritas de ropa y varones heterosexuales de más de sesenta años pegando brincos como muñequitos de resorte.

Locazas sin fronteras

Porque, desengañémonos: no es que seamos homófobos: es que tenemos buen gusto y estilo.

Y además, nos toca los cojones a aquellos que tenemos familia e hijos pequeños vernos en el brete de tener que explicar a un niño de siete años porqué ese señor con bigote va dando grititos en falsete mientras otro que parece una albóndiga dorada con peluca le va poniendo al primero una escoba entre las piernas.

¿Se imaginan la escena? Yo sí. Y algún otro lector que me ha hecho llegar informaciones que son como para echarse a temblar: al menos en Madrid las payasas con voz de “castrato” se limitan a pasearse por el barrio de Chueca: pero en otras ciudades no es extraño encontrarse al mismo grupo de homosexuales hiperactivos pegando gritos en el centro de cualquier calle eminentemente comercial a un horario (19:00 horas, por ser precisos) en los que cualquier familia puede estar saliendo de un Centro Comercial con un niño de la mano.

Maricona vociferante: un ejemplo

Y ya no es solamente el “problema” de tener que dar más explicaciones de las que nos gustaría a nuestros hijos: sino la verguenza ajena: ¿Nadie se ha percatado que, cuanto más feo, viejo y ridículo es la maricona vociferante más se hace notar con ropa imposible y actitudes vomitivas?

Pues sí. Es una norma con fuerza de ley.

Y aclarar algo antes de que la zorrita de la Ministra Aído y la zorrita del Pedro Zerolo vengan corriendo a acusarme de homófobo: YO no creo que todo homosexual sea una maricona vociferante: pero SI estoy convencido de que, entre los homosexuales, hay mariconas vociferantes.

Nótese la ternura de las manos enlazadas...

Es más: tengo el convencimiento de que muchos homosexuales respetables y con sentido común (amén del saber estar) se estremecen con horror a la vista de los “tiberios” que se organizan al paso de las carrozas repletas de -insisto- mariconas vociferantes y mujeres gordas de pelo corto con más pelos en las piernas que Camacho en sus buenos tiempos y matas de pelo salvajes e irreductibles asomando de entre unas enormes axilas que se intuyen entre diversos pliegues de carne blanca y fofa.

Porque sí, en ésto hay igualdad de sexos: cuando uno cree que no se puede hacer más el ridículo que ese avejentado maricón (especie que se sitúa a medio camino entre el gay y la maricona vociferante) descubre a una lesbiana que atemorizaría a un levantador de troncos de las vascongadas. Y eso, incluso antes de poder olerla.

Y digo yo: ¿Dónde hemos adquirido la obligación nosotros, los aburridos heterosexuales de toda la vida, de tener que soportar semejante atentado al buen gusto y a la libre educación de nuestros hijos? Porque yo no he firmado nada. No he aceptado ningún contrato y además no me parece bien.

E incluso creo que esto solo sirve para denigrar a los homosexuales de bien: a los herederos de gente como Julio César, Oscar Wilde, Alejandro Magno, William Shakespeare… y otros cien mil que se hubieran sentido avergonzados de las mariconas vociferantes de hoy en día.

Corrección: posiblemente César y Alejandro se hubieran limitado a despedazarlos con sus espadas. De ahí que consideremos que la antigua civilización griega y romana sea el paradigma de la cultura y el estilo. ¡Cómo echo de menos esos tiempos!

Y llegamos a nuestros días: y entonces es cuando yo me voy enfadando cada vez más: y descubro, con pasmo, que este año los gays y lesbianas que hayan adoptado hijos irán en carroza.. con esos mismos niños. Y entonces me pregunto porqué cojones permitimos que les arruinen la vida a esos niños que no tienen culpa.

Y entonces voy y me entero del siguiente dato: los abusos sexuales paternos se producen, en un 0,6% en parejas heterosexuales… y en un 29% en hijos de homosexuales. Y me digo: ¿Porqué cojones estamos permitiendo ésto?

Y entonces, voy, y descubro lo siguiente: que según un estudio realizado en Estados Unidos, hijos de lesbianas de a partir de cuatro años de edad, van pidiendo a varones que “sean sus papás” (McCandish, B, Against all odds: Lesbian mother family dinamics). Y me pregunto: ¿Porqué cojones lo permitimos?

Es decir: la adopción que coño es: ¿Un derecho del niño o un derecho homosexual? Porque si es un derecho del niño, parece obvio que los homosexuales no deberían adoptar.

Y si es un derecho homosexual… en fin. Soy partidario de eliminarlo, prohibirlo y que jamás vuelve a considerarse. El que quiera hijos, ya conoce el mecanismo: Que lo ponga en práctica.