SARAMAGO: OTRO ROJO QUE NOS DEJA (QUE TANTA PAZ LLEVE COMO DESCANSO DEJA)

Hoy voy a hacer un pequeño intermedio en la exitosa serie de los Hijos e Hijas de Puta del Socialismo Español en la historia para hablar del reciente finado José Saramago.

Tengo que reconocer que, con la edad, me he vuelto muy desconfiado. Incluso en los momentos más inoportunos. Hoy por hoy, es oír que la progresía rinde sentido homenaje a un muerto, y que comiencen  a abrírseme las carnes.

Con el pelma de Saramago me ha pasado lo mismo. Ha sido espicharla, y oye, los rojos y los progres aparecían cual caracoles tras la lluvia. Bueno, cual caracoles no. Los caracoles pueden recogerse y cocinarse y a los rojos no hay dios (literalmente)  que les dé algún uso.

El caso es que han aparecido “progresistas cultos” a manta. A porrillo, que hubiera dicho Ibáñez. ¿Porqué? Pues porque a un portugués ex agente de seguros con muchas ínfulas e imbuido de la mística marxista le ha dado por morirse en España a la tierna edad de 86 años. Y los que debió andar a gatas (pero con el puño en alto, por supuesto).

Quizá, lo primero que habría que preguntarse es lo que pintaba en éste nuestro querido país un comunista recalcitrante autodenominado “amigo” del Gran Mandril de Venezuela: el iletrado de Chávez. Aquí, en una Monarquía burguesa. ¿Curioso?

Bueno: no tanto. No es muy sabido, pero es que al pelmazo de Saramago (me importa una higa que le dieran el Premio Nobel: se lo dieron por izquierdista y minoritario, a la vez que pelma) lo echaron literalmente “a gorrazos” de su país natal. Un país con criterio, Portugal. Siempre lo he dicho.

Sí, bueno. Ocurrió que el precoz escritor (comenzó a escribir a la –de nuevo- tierna edad de 57 años) ofendió gravemente a los católicos portugueses con cierta novela que venía diciendo, por resumir, que la biblia era una mierda del tamaño del Naranjo de Bulnes. Ahí es nada. Y dado que Portugal es una república laica (pero, como he dicho, un país con criterio) el Gobierno vetó la candidatura del rojo cantamañanas a no sé qué premio literario. Si queréis lo busco, pero vamos, si os importa lo mismo que a mí no será necesario, supongo. 🙂

Y hete aquí que me encuentro con uno de esos “gestos” que, confieso, me desorientan completamente acerca del comportamiento del personal rojeril. Es decir… parece que la sabiduría popular ha dibujado a un “progresista” como un individuo desinteresado, idealista, que hará frente a la incomodidad para defender sus ideas. (Vengo sospechando que la “sabiduría popular” es, muchas veces, bastante idiota)

Bueno, pues con esa imagen idílica de un “rojo” esforzado, como sin duda debía ser el petardo de Saramago, me imaginaba yo que siendo un “marxista de la vieja escuela” un “comunista libertario” (según sus propias palabras) y, en fin, un rojo autoproclamado, abandonaría Portugal para irse a vivir a un lugar del tipo de Cuba, Corea del Norte, Venezuela con el Mandril, Bolivia, con el otro primate… ¡y no! Vive Diosque el maldito sinvergüenza no tuvo otra ocurrencia que venirse a España. Y no precisamente a algún pueblo pequeño y miserable de la estepa extremeña; para nada. El “comunista libertario” (permitidme que me ría) se vino a un precioso chalet de Lanzarote: y yo pensando que crearía una “komuna” (los progres usan la “k” para casi todo, por algún motivo cabalístico que se me escapa… a menos que sea por ignorancia) para vivir en tierna comunión con la tierra y sus “kamaradas”.

Menudo cabrón, el listo de Saramago. Sería rojo, pero no debía de ser idiota del todo. Idiotas nosotros, que recibimos a, literalmente, cualquiera en éste país.

¿Y qué decir de su tan cacareado Premio Nobel? Yo no tengo muy claro el porqué (será que el comité del Nobel está muy acomplejado por algo) pero es que cada vez resulta más habitual que el Nobel de literatura se lo concedan a escritores-plomo expertos en desarrollar, en lugar de novelas, ladrillos combustibles de cientos de páginas.

Bueno, pues el gaznápiro de Saramago no es una excepción. El tío era un petardo. Un pesado de marca mayor. Aún más: si se busca en una enciclopedia ilustrada la voz “pelmazo infumable”, aparece la siguiente foto:

Saramago: Ese pesado.

Y ojo, no estoy exagerando: lo digo en serio. Hablamos de un escritorzuelo con tal ansia de popularidad que, en un alarde de estupidez, decidió convertir las comas en puntos; luego dejó de usar puntos y al final, ponía mayúsculas tras las comas. Vamos: una delicia de lectura. Menos mal que yo no me permito leer según qué cosas, pero si lo hiciera, entiendo que leer a éste individuo tendría mucho que ver con las torturas medievales. Tenía que ser pedante, el juntaletras portugués. Debía de creerse otro de esos excelsos pesados como James Joyce o Ingmar Bergman.

La diferencia es que Joyce y Bergman eran genios: y el portugués recientemente reconvertido en fiambre era un rojo intransigente que alababa los regímenes torturadores comunistas. Con un par.

¿Y ese aura de gran filósofo que el rojerío internacional quiere otorgarle?  Pues otro bluff. Otra soberana soplapollez. Será que yo soy raro, además de azote de rojos, pero me enseñaron que la filosofía es el conjunto de saberes que estudia la realidad del ser humano. Más o menos.

Bueno, pues si el pedante de Saramago era filósofo, yo soy Kublai Khan. Porque ya me diréis que tiene de realidad del ser humano una novela que propone la ceguera de toda la humanidad para que, al final, no pase nada ni cambie nada. Es decir, que en lugar de “Estudio de la ceguera” se podía haber llamado, “La Nada” y tan ricamente. ¿O ya la ha escrito alguien? Me da que sí.

Y si algún rojo pedante va a intentar “venderme” que la “ceguera” es una “parábola” para expresar el no sé qué del ser humano, y su angustia existencial ante el desconocimiento de su destino y bla blablá bla blabláQue le vayan dando por donde amargan los pepinos. Literalmente. Ya soy mayorcito para que me hablen en parábolas. No te jode.

Pues por resumir: no le demos más publicidad de la que merece: Ha muerto un rojo. Pues nada; un rojo menos. Dejemos que lloren los macacos del PSOE. Que también tiene narices: por los muertos de Corea del Norte no llorarán esos cabrones. Pero por un abyecto escritor de tercera categoría… entonces sí. Entonces mandamos hasta ministros al funeral. Hay que joderse.

Y por acabar… juro que no disfruto faltándole al respeto a un fiambr… esto… a un muerto: pero… ¿Solo a mí me recordaba Saramago a Doña Rogelia? Es que no puedo quitármelo de la cabeza:

¿Saramago?

¿Doña Rogelia?